lunes, febrero 02, 2009

No me gustan los críos



Mal harían los tiernos lectores en imaginar que mi espíritu, que adora a borbotones a su pequeña hermana Lu, está congraciado de la misma forma con cada criatura de pocos años que babee, moje su pañal, gatee o camine en este “valle de lágrimas”.

Nunca mejor empleada esa frase, pues he conocido niños que con el solo llorar llenarían de lágrimas un valle entero. Al último me lo crucé en el Dollar General, una tienda que vende de todo por un dólar.

Este espíritu no logra comprender cómo es que cuando el bebé de una persona cercana a mí (el costal que lo tiene atrapado) nace y toca ir a conocerlo, todos se agolpan tras el ventanal y mira qué lindo(a) está, dicen chirriantes de ternura. Claro, es un acontecimiento monumental, el más importante de sus días, para algunos. Yo voy a su ser, a su cuerpecito todavía no desarrollado, esa imagen de fetito que respira es, tal vez, la primera razón que hace que mi espíritu se revuelva al acercarme a los niños que yo veo. Hay cada monstruo, pensará él.

Llamo espíritu a la tenia que pasea en mis intestinos, como si fueran su montaña rusa, cuando observo la chiquititud de un bebé arrugado, recien llegado de la clínica. Pienso que solo algo como un espiritu maligno me juega esa mala pasada si es que lo intento cargar o ver cómo descansa, descreído aun de haber sido arrancado de la calidez de la placenta que lo cobijó.

Este mi espíritu es capaz de orquestar en mí una mueca de fastidio o una sensación de pulgosidad en mi piel cuando observo un(a) niño(a) majadero u otro que se cree un grandulón: por ejemplo, las niñas que se maquillan excesivamente “como sus mamis” o usan ropas reggaetoneras; o los niños pegamujeres “como sus papis”, los que quieren ser futbolistas o los que usan ropas reggaetoneras. Los veo muy contaminados con las cosas que no son de su edad y me provocan aversión. La lógica me convence que estos chiquilines, aparentemente cochebombísticos, no tienen la culpa de nada, que es la enseñanza que reciben la hacedora de todo.

Existen sus excepciones: niños con los que la paso bien. No tengo que explicar mucho que Luciana es la primera. Tambien está un primo de ocho años, el gran Emerson, que lleva la poesía en las venas y tiene un amigo llamado Ronaldiño (eso último, lo juro por este bloJ). Vive en la sierra peruana, más arriba de Huaraz, y creo que a pesar de lo díficil que es estudiar allí, él sobresale con sus ganas artísticas que debe desarrollar más, creo yo. Llevado por esa idea le regalé un libro de Julio Verne, Viaje al centro de la tierra. No sé si haya sido una buena idea por la extensión del libro y la cantidad de palabras que lo puedan aburrir: si logra agarrar el hilo de la historia habrá sido un buen regalo, de lo contrario, confío en que lo haya guardado para leerlo en un par de años más. Me dolió desprenderme de tal libro, ahora toca comprar uno original.

[ Este es un buen post que me quita un poco las dudas por lo del libro de Jules Verne: Sobre clasificaciones y aventuras (BARRIO SIN LUZ) ]

Ahí está también María Fernandina, niña guapa, atrevida y divertida. Ya pronto cumplirá cuatro años. Pienso llevarle un regalo a mi vuelta a Lima, pero ni a mí me prometo cosas: temo no cumplirlas. Una tarde en su casa, junto a Juance, Lucio y su tío, mi amigo Diego, ella me jalo de la chompa hacia el baño. Era verano y comprensiblemente me pidió que le pusiera dos mini tatuajes en su brazito. Yo, torpe, arruiné el primero con dibujo de tiburón. Aterrado de que empezara a gritonearme, me alejé pero ella solamente gritó ¡ahora te lo pones tú! Fue lo que hice encantado con ese tatuaje partido a la mitad.

Ellos son las excepciones que confirman la regla: ellos existen porque existen los niños que no soporto ni tolero. Los que están del otro lado.

El día que mi madre me comunicó que llegaría un nuevo bebé a la casa yo me sulfuré un poco. No quería, pensaba que mis padres habían sido muy irresponsables al concebir a ese Tercer Hermano en camino, que todo era un error. Renacía la tenia en mi vientre, muchos gusanos me carcomían inexplicablemente por dentro. Acaso daría yo el parto, no, no hay hombre tan valiente para soportarlo. Lleve esos nueve meses con poco entusiasmo.

Que iba saber yo que ese Tercer Hermano sería Luciana, mi hermanota, que hizo encontrarse a mi espíritu mefistofélico con mi cuerpo malhecho y ruin. Y lo hizo sin hacer nada, no tuvo que mover un dedo para eso. Ella descansaba mil horas, se apoderaba de los pechos de mi madre y de los bolsillos de mi padre, de donde sacaba pañales. La casa era para ella y sin hacer algo siquiera. Poco a poco nos fue moldeando, transformando y embrujando (a mi espíritu malo y a mí): ahora yo sé que debo servirla como el súbdito más allegado a su traviesa princesa.

Una tarde, que me tocó cargar a Luciana (ella aun no bordeaba el primer año de edad), yo sentía la calma y su rico olorcito. No lloraba, qué extraño, siempre me hacía eso y debía entregárselo a mi madre para que la calme, que las madres tienen la natural sabiduría para eso, pero esa tarde en vez de fastidiarse, con su cabecita en mi hombro y mis manos sujetándola, se quedó dormida plácidamente. Ese solo momento, que la hice dormir, me convenció que algo de bondad podía rescatar de mí, gracias a Ella y solo por Ella.

Espero que Luciana sepa comprender que yo era un chico triste y malhumorado cuando recibí reticente la noticia de su venida. Se escapó de mis manos esta “aversión por los niños”, la atrapó incluso a Ella en un primer momento, cuando yo no tenía nada claro y todo difuso. Caben unas disculpas hacia mi hermana que nunca voy a terminar de pagar por completo. Ese fantasma me perseguirá siempre.

Por eso, debajo de mí, ese espíritu maligno y chocarrero se despierta siempre en busca de niños locos que expíen esa deuda, son los sacrificados. Lo siento. A esos críos que no quiero y que no gusto, en verdad, los necesito para llevarme bien con Lu: para saber qué tan lejano puede estar mi cariño por Ella.
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Cerati: Aun al ver este video, mi espíritu chocarrero quiere despertar. Pero el video es divertido.

5 comentarios:

  1. Primero me alarmé, luego de saber como hablàs sobre Lu, me dije ¿qué pasó? pero al seguir tu relato te entiendo. La mayoria prefiere a los suyos que a los del resto, es lógico.
    Me alegró que tu amor por Lu siga intacto.
    Y el libro de julio Verne para Emerson no creo que sea apropiado para su edad pero es un excelente regalo para que viaje a un mundo de fantasías más adelante.
    Como siempre encantada de leerte.
    Besos lascivos.

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  2. No se si suena retorcido, pero igual necesito al resto para entender a Lu, y por eso, quererla más. Aunque no los tolere, procuro comprender a los OTROS niños. Empece cuando estaba en Lima y sigo intentando con los niños del McD. Un abrazo, Lasci.

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  3. Si, quizás tu primo lo aproveche más dentro de unos años, pero de todas maneras es un buen regalo,los librs son siempre un buen regalo!

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  4. Roguemos que lo guarde bien. Gracias por pasar, Diana de Compostela.

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  5. el rico olorcito de los bebés, es INIGUALABLEEE

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"vete de aqui, vete de aqui" (Lu dixit)

 
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