lunes, septiembre 15, 2008

Wafer


"Voy a recoger a María Fernanda con Diego y con yo"
(Luciana, 4 años. Esa tarde, antes de salir con Diego y conmigo)


Se hace la dormida


Diego vino a buscarme en la mañana con su perro malhechor Brandom (sí, como el del comercial de Mi Mascot, aunque él jura y perjura que no le puso ese nombre por tal anuncio televisivo). Quería que lo acompañe a recoger a su sobrina María Fernandina que estaba en la casa de su abuela.

María Fernandina cuenta con tres años de edad y estudia en el mismo colegio que mi sistercita, sólo que en turno tarde, y yo supongo que es una pesadilla para su miss Gaby como esa mañana lo sería para su joven tío Diego, autor de rolas dignas de un espacio en Viva FM. Su nombre se presta para el diminutivo Mafercita y, por lo tanto, para el no menos dulce Wafercita.

Esa búsqueda que me propuso era una buena excusa para dejar de enviciarme en el computador. Le dije que me esperase cinco minutos para cambiarme y le pedí a Luciana que nos acompañara. Aceptó facilito porque se lleva bien con María Fernandina y creo que sucede también al revés, es decir, cuando oyen sus nombres o huelen que una está cerca de la otra se alegran. Circunstancia apriorística que muchas veces comienza a sulfurarse con el correr de las horas y el discutido uso que hacen de los juguetes que, a pesar de ser muchos, se los pelean varias veces, se picotean entre ellas.

Ahora caminábamos los tres por el colegio Elvira García y García, cuna de las más deseadas bellezas de mi distrito, ya un poco lejos de casa cuando nos arrepentimos de no haber sacado el carro para llegar más rápido. Y es que aún no me acostumbro a manejar con tanto carro por todos lados, prefiero manejar a la medianoche cuando es más difícil encontrar una riña con otro conductor que, (¿de más está decirlo?), viene malhumorado por el tránsito caótico y las interminables zanjas hechas en simultáneo por nuestro alcalde Luis Castañeda. De todas maneras, no haber elegido usar el carro por ese respeto al tránsito limeño era, como Caperucita, haber elegido el camino más largo, aunque también, más lleno de flores de todo tipo, engañosas y aromáticas.

Diego, le hacía bromas a Lu y Ella caía facilito. Que porqué no tomas la sopa, que no quieres crecer, que tu no conoces los malos hábitos de tu hermano, que cuál es tu nombre completo. Mientras tanto, Diego me iba informando de las malacrianzas de Juance y Mauricio, otros dos amigos de la cuadra más monse de Pueblo Libre, tradicional distrito donde vivimos como alguna vez también lo hicieron los libertadores del Perú hace 187 años aprox. Así, llegamos donde la abuela. Demoramos un poco esperando que María Fernandina eligiera el juguete que llevaríamos para "divertirnos" en el camino.

Eligió un coche grande y rosado que Luciana, por su experiencia con su bicicleta Monarette Penguin 1202, manejaba con un poco más de destreza que ella. Caminábamos por las calles más lindas de Breña (es verdad, porque sí las tiene), las niñas se turnaban el triciclo y, sospechosamente, la vida era feliz esa tarde.

Lu le tenía un poco de pavor al can y se resguardaba cogiéndome el pantalón para que la rescatara, pero María Fernandina sí le faltaba el respeto al chucho ese, con lapos arteros y desconsiderados gritos. Fue gracioso oírlas pasarle la voz al perro cuando este nos dejaba lejos:

–BANDOOOO –gritaba María F–.
–BRANNDOOM –la seguía Lu–.

A punto de llegar a la avenida Del Río, Wafercita montó en un ataque de cólera. Su triciclo rosado tiene una especie de pico amarillo que se había salido. María Fernandina trató de recomponerlo a su móvil pero no se daba cuenta que era muy difícil y, terca como ella sola, insistía pero era en vano, no lo lograría. Luego, le pidió a Diego que la ayudara pero cometió un error que su tío le hizo pagar carísimo: no le pidió hablando, sino con gestos.

No, habla, habla, decía Diego. Wafer se agitaba por hacerle entender sin palabras lo que quería pero Diego seguía implacable. Le pedía más y más fuerte hasta que rompió en llanto.
Tienes que hablarme, sino no te entiendo María Fernandina, seguía Dieguito, implacable con su sobrina.

Ya pues "Yeego", ah ahhhh, ahora nadie detendría a MF. Caminamos hasta la esquina y ella se quedó sentada a media cuadra. Pasaron otros chicos grandes y Wafer avanzó antes que llegasen. Los tres doblamos la esquina para que Fernandina, al no vernos, se asustase y corriese por nosotros. Así pasó. Ella corrió y Dieguito la cargó, aun seguía con lágrimas, mojando los hombros de su tío que demoró mucho en perdonarle sus berrinches.

Tres cuadras más allá, tuvimos la idea de que Lu y MF pasen juntas la tarde en casa de Diego. Fuimos allí, yo sabía que Luciana no querría quedarse sola sin mí pero hice el intento. Quería quedarse a jugar, pero me obligaba a quedarme, yo le dije que no podía. Ella me pregunto por qué. Buena pregunta, Lu, no supe cómo explicarte que ya estaban sirviendo la comida en esa casa y que yo estaba de más. Claro, si me quedaba un rato más me iban a ofrecer “almuercito” y no me gusta comer en otra casa a menos que sea estrictamente necesario (cómo que mi familia me abandone de golpe o que haya terremoto y sólo nuestra cocina se derrumbe). En cambio, María F. sí estaba dispuesta a venir con Lu y conmigo a la casa, a jugar un rato. Cuidar a Luciana es, a veces, tortuoso. A eso, sumarle un Wafer es mucho más difícil. Yo sabía que pelearían y tendría que inventar tretas, juegos, muecas que me saquen de la Tercera Guerra Mundial que ellas harían estallar en mi morada.

Adriana, la madre de María Fernandina, no se despidió de su hija sin antes advertirle hija, cualquier cosa gritas ¿ya?. Yo, contrariado por tal frase de humor, solté una sonrisa torpe que Adriana interpretó como una pedida de Muss, el mismo que ya les había dado a su hija y a Luciana. Bajamos del edificio; ahora, éramos los tres chicos que comen Muss, qué rico que es el chocolate en cualquiera de sus formas y sin deglutir en exceso.

En la casa, había que desmontar algunos juguetes del Cesto de Juguetes de Luciana. Tal Cesto representa la reunión desbocada de los juguetes que a Luciana le ha venido en bien juntar para divertirse. Yo, desde mi experiencia, que es sustantiva en este tema, no comprendo ese cliqueo tan pintoresco que hacen los niños hoy de sus juguetes, y que en tan ruda forma es alentado por los adultos que, trasnochados ellos, compran y compran en Navidad cualquier muñeco parlante que les haga gracia, y con el que les va a gustar tomarse la foto para la posteridad cuando tal regalo sea descubierto luego de permanecer horas de horas bajo un frío árbol de pascuas.

Decía que, no bien sacaba yo solo los juguetes que no fueran tan bullangueros y tontos (aunque me desesperaba levantando barbie tras barbie), María Fernandina y Luciana ya me sacaban la vuelta por las plastilinas multicolores que ahora me pedían saque de encima de la refrigeradora. Mejor así, pensé. ¡No!. Les pasé los colores y ¡ay! una de Ellas, acaparadora, cogió más que la otra así que esta le reclamó. Siempre mis intervenciones son tardías, cuando ya están muy irascibles entre ellas. Se las quité y volví a repartir salomónicamente y según el color de sus preferencias, pero no había terminado de distribuírselas y Ellas ya estaban entregadas a los plumones y papeles donde ensayaban sus trazos tan mal hechos como tan logrados para su edad. Era evidente, no tenían un orden así que se me ocurrió dividir, esa misma sala, en lugares de compartimentos imaginarios donde, como les explique, chicas, esta es la zona de plastilina, ésta la de dibujos y esta la de kens y barb… Cómo ya se imaginan, ahora hablaba solo. Wafer y Luciana se metieron al cuarto rapidísimo y yo las perseguí. Luciana le enseñó a subir al camarote donde dormía. Mafer, inteligente y más que nada valiente, aprendió rápido a trepar las endebles escaleras que unen el mundo donde duerme Lu con la realidad superficial donde caminamos los humanos. Aprovechando que estaban algo sitiadas allá arriba les saque los cuentos a ver si alguno les interesaba en leer (que yo les lea). Más interesante fue, para Luciana, enseñarle a saltar a Wafercito. Ella aprendió rápido a saltar desde esa altura hasta el cejijunto colchón donde duerme Romina. Volvieron a la sala y yo les tendí un delgado colchón para que no estén echadas en el suelo, es decir, la parte del suelo que correspondía a la recién descubierta “Zona de Dibujos”. Ese fue un error, por sentarme al medio fui víctima de sus ataques, comandados por María Fernandina. Ahora, estaba yo debajo de los golpes, Ellas retozaban bruscamente sobre mis brazos delgados que me cubrían. Era yo un perro, como Brandom, al que sus dueñas le faltaban el respeto. Al final, logré calmarlas.

La aventura debió acabar así, conmigo en apuros por inventarme juegos que no existen más que en mi mente, y que sólo ellas, nenas hermosas, saben obedecer sin cuestionar tanto, o con un real gusto por seguirlos, y, lo mejor, saber gozar estrepitosamente hasta sacar el último suspiro al chiste que, repito, por lo menos para Lu y MF, esa tarde, salió sincero desde mi y retornó del todo cómplice desde Ellas.

No terminó así porque María Fernandina, amiga y vecina, de un momento a otro, de golpe como ella sabe, se hizo la Pis. Ni yo ni Luciana, testigos del hecho, podremos explicar cuando comenzó a enchumbarse los pantalones. Pero le hicimos saber que no pasaba nada y que eso de la Pis, pues, a cualquiera le pasa. Le falto un poco de confianza para avisar antes.


Cámbienme, chicas, abandónenme, séanme infieles, no jueguen conmigo, vayan con ustedes, donde ustedes crean que deban ir y, si me tienen que dejar, aquí me quedo. Aquí las espero, las quiero.



[Luciana no tiene idea ni quién es Chichi Peralta, ni quién Mario Bros. Pero la interpretación de la Pantera Rosa la atrapó al punto que siempre me pedía que lo volviera y lo revolviera a poner.]

2 comentarios:

  1. esa foto ... simplemente ME MUERO DE TERNURA !

    uy cuida a tu princessita porqe cuando tenga 13 ... los horrorosos la van a acosar !

    mejor consiguete un BANDOOOM raza pitbull

    xDD

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  2. Azabache querida: Creo que esa foto guarda algo de misterio con la figura, que por ahora no quiero que sea pública, de Luciana. Su ingreso en la farandula -que tu bien retratas en tu bloJ- sera paulatino.

    Aunque, claro, para los 4 gatos y 2ratones que me leen el sentido de "Pública" pierde el brillo. Nos memos en la U, chola.

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"vete de aqui, vete de aqui" (Lu dixit)

 
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