jueves, marzo 19, 2009

Soy frívolo pero profundamente




Voy a comprar a mi hermana. Voy a llevarle cada uno de los regalos que me ha pedido para que me quiera mucho, al menos por los minutos que dure ese cansino ritual de abrir las maletas llenas de regalos.

Si se alegra querrá decir que acerté en elegir esa blusa rosada de rayas en vez de esa otra prenda que estaba en oferta insuperable: lo que será un indicativo de que tengo buenos gustos para comprarle la ropa, siendo la primera vez que compro tal cantidad industrial de ropa para alguien.

Si no se alegra, si lanza alguna mueca incompleta, es porque no le encantó aquel polo verde y rosa con dibujo de monito, pero luego dirá que le gusta porque es su hermano el que se lo regaló: el hermano pródigo, que desapareció tres meses y ahora ha vuelto a su mesa para ver qué nuevas tácticas ha inventado para rechazar a nuestra mami cuando ella le sirva la sopa o le cocine las carnes de res que no le gustan, flaca vegetariana. Si no se alegra yo ya sé qué debo preguntarle ¿te gusta? para, tal vez, forzar una mentira de su parte y que gracias a ella continuemos con el vestido rosiblanco, la siguiente prenda que le traje de regalo.

Yo sé que si le compro valerinas, rosadas de preferencia, no voy a fallar. Dora Explorer para las sandalias es un golpe certero para conmover Su corazón, una chuza, una aguja disparada al centro de una diana. Pero eso no había en Hardeeville, pequeño pueblo del estado de Carolina. El rosado me parece un color barbietúrico, pestilente y desabrido; pero si a Ella le gusta y si con ese, y solo con ese color es feliz, yo le compro ropa rosa a mi bonitita hermana.

Tiene que ver la pijama de Princesas que Emilia, la tía peruana que vive en Nueva York hace veinte años, le ha enviado como regalo, además de la toalla, también de Princesas, que guardé en la maleta más grande: estos dos regalos son fundamentales (los que envió la tía Emilia) por si los míos terminan siendo un fiasco.

Cuando fui a las montañas rusas de Orlando aproveché para llenar una bolsa entera de ropa destinada a Lu. Había ahorrado doscientos dólares, y más, para comprar ropa para toda la familia: pensé que con eso alcanzaría, creía que Florida me tenía reservada una vida más barata que Carolina. Me hospedé en Mirror Lake, donde el primo Vicente, que cuando tenía el trabajo de rentar carros ganaba gigantes sumas de dinero, además de atender a las estrellas de la farándula peruana, que él no identificaba porque se fue del Perú a mediados del primer gobierno de Alan. Vicente me llevó a las tiendas en su Ford del año dos mil ocho, fue ahí donde elegí varios abrigos para Lu: el marrón manga cero, el rosado de estrellas blancas y azules, el de capucha grande, y otros que no recuerdo.

No gasté todo el dinero; Annie, la esposa de Vicente, orgullosamente dominican ella, insistió en que Nueva York tiene ropa más barata, tú sólo dile a tu tía Emilia que te lleve, ella conoce los lugares. Voy a comprar todo en Manhattan, voy a regatear los precios, me puse a pensar y dejé Mirror Lake luego de cuatro días vacacionando de lo más tranquilo, en paz con este mundo que se va a la mierda. La península me dejó con ganas de volver.

Pero en Manhattan todo era carísimo. La tía Emilia no conocía los huecos donde vendían ropa a bajo precio: en cambio, me llevaba a Macy´s, JCPenney y Century 21, una tienda ubicada donde estarán las nuevas torres, no sé si gemelas. Estaba al doble que Florida. Felizmente, debajo del Penn Station, en el cruce de la séptima con la 33rd street, encontramos unas tiendas donde, ajustando, gasté cien dólares, ya no tanta ropa para Luciana, creo que sólo le añadí dos pijamas largas; debía comprarle al resto de la familia que esperaba.

(…)

La despedida (otra vez) con la tía Emilia fue triste (otra vez) en el aeropuerto de LaGuardia; días pasaron, varios países recorrí desde el aire, turbulencias crucé, esperé paciente mis maletas, pensé que se habían quedado en Atlanta con los regalos dentro. Desgracia, pensé. Al fin, el avión aterrizó en el aeropuerto Jorge Chávez y llamé descontrolado a mi familia, hablé con mi papá y con Romina, no me pasaron a Luciana. Deja que no sepan cuando sales, me recomendaba mi amiga, que le gusta sorprender.

Salí a las doce, porque en “la Migra” demoré lustros, y Luciana se había quedado dormida: Ella se deja vencer por el ronroneo gatuno del motor de nuestro carro. Intenté despertarla pero estaba seca. El reencuentro con Ella fue al día siguiente, cuando me despertó. Pero lo más divertido fue que me despertó luego de abrir las valijas y haber visto todos los regalos que guardaba para Ella. Yo me perdí su cara de sorpresa pero qué importaba ya, la hice feliz: y ella no está obligada a compartir su felicidad conmigo, que me quedo dormido.

He visitado tiendas innumerables horas, me he aburrido mucho, mis piececitos han padecido de tantas horas soportando mi peso. Podría decir que el dinero no lo es todo, que no compra el cariño de nadie pero, para no caer en la repetición ni la condena, diré que gocé con cada prenda que elegía, imaginando las sonrisas que despertaría un cojonudo regalo mío. Y compraba y compraba hasta donde me daban los verdes. Creo que no estoy para que Luciana me alquile su cariño por unos brillosos ropajes, no soy un inquilino de su chiquito corazón, apenas me postulo como su defensor.

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[Aunque algunas prendas no eran de la talla de Lu, y las recibió con pizcas de alegría, tengo que aceptar que los regalos eran más esperados que yo.]

 [Faltan las comillas. No quiero estafar a nadie, el título le pertenece al buen Bayly, lo saqué de una frase de sus columnas semanales: Todo lo que soy. Desde que la leí, me estaba atormentando este post, pero sólo hasta hoy.]

8 comentarios:

  1. Llegaste!

    WELCOME BACK!

    Lu
    Mamá de DOS chancletas

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  2. jajaja..hay que ser honestos cuando alguien llega de viaje lo que ams esperamos son los regalos.. no es amor al chancho sino a los chicharrones.. =P

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  3. No da para mucho un billete de diez euros...y menos ahora, en tiempos de crisis!!!! No sé por ahí, aquí es el pan de cada día

    saludos ya desde España!

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  4. Ya voy una semana en Lima y me estoy volviendo a acostumbrar a este mundo. Saludos, Lu.

    Cositaseria, de vuelta por aqui. No tanto así pero ese espíritu del chicharrón es el espíritu del post.

    No me deja tranquilo eso del billete, Diana. Saludos desde este dia de playa.

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  5. Asi que estamos comprando a lu, o reparando con intereses el tiempo lejos de ella, es comun que espere mas los regalos que a ti, lo se por experiencia, lo ultimo que queda por decir es bienvenido al país

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  6. ah quiero seguir siendo anonima esto es una quejosa queja buuuuuuuu

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  7. Es increìble el amor que sentìs por Lu..en realidad me conmueve, me toca de cerca.
    Te quiero.
    Besos lascivos

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  8. Ché, Shénifer, ya estas dentro. Abrazo del oso.

    Hola Lasci, gracias por la visitaa. Besucos peruchos.

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"vete de aqui, vete de aqui" (Lu dixit)

 
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