martes, marzo 10, 2009

La crónica suave



Caía la noche. Nos visitaba Daniela Ramirez Schmidt, futura comunicadora de la San Martín (universidad que se ha quedado anclada en un tiempo pasado), y archiamiga de mi hermana mayor Romina desde antiguo también. Ella tenía que hacer una crónica para un curso y necesitaba tomarse fotos con Ró (me pidió no confesarle a Ró que la crónica era sobre ella, sobre su vida apasionante y entregada a la labor social que, si no, distaría mucho de ser una crónica roja). Me pidieron que yo sea el fotógrafo pero que teníamos que ir afuera y acepté.


En el fondo soy un pintor frustrado y creo que con las fotos que he tomado en mi vida, y seguiré dándome el gusto de capturar, resarzo ese viejo sueño que sí sé que no cumpliré: así me siento un optimista. Le pasé la voz a Luciana para salir a tomar aire un rato y que no se aburra en la casa. Se puso un abrigo y sus zapatillas, me pidió un poco de ayuda como siempre y terminé colocándole las zapatillas de Cristal como si se las pusieran a la princesa Cenicienta, golpeando la zuela en la parte del talón que siempre se hace el difícil y no entra.


En la calle, Dana y Roma se escarmenaban el cabello y lo llevaban para detrás de las orejas, se repasaban las cejas con deditos ensalivados, se alejaban de la penumbra. Con el celular de Dana no se podía, en absoluto, capturar una buena imagen. Con el de Romina salió algo más aceptable, la resolución y los muchos megapixeles condensados les hacía más justicia a las dos.


De pronto llegó Claudio, el marinero del barrio. Siempre es cauto sospechar de él que estuvo trampeando con una de las chicas que se le cuelgan como vampiresas; al gran “gallo Claudio”, como le decíamos de chicos, las chicas lo acosan como las sirenas cantoras se le aprehendieron a Ulises en la Odisea. Su celular está plagado de esas sirenas que él, marinero que se cuida y respeta su institución, no llama porque es fiel a Moniquita: su institución. Estuvimos con él un rato y luego se esfumó entre la neblina. Pasaban los minutos y no salía una foto decente, ellas son muy exigentes consigo mismas como muchas mujeres seguramente lo son, como Luciana probablemente lo será o, chuta, ya lo es (y por eso le he comprado muchos regalos). Al punto que Romina, molesta porque cometí nuevamente el error de hacer salir la luz del alumbrado público que las opacaba, me dijo que era un inútil para las fotos, echando al traste mi sueño de ser pintor o fotógrafo mediocre.


Luciana permanecía inquieta entre la maletera del carro y el suelo. Yo debía alternar la callejera sesión de fotos con las veces en que la ayudaba a subir al capó. No me había dado cuenta de cuándo es que aprendió a resbalarse, cual tobogán, desde el capó hasta el piso, porque generalmente Ella sabe tomar distancia de tales temeridades. Para estar menos preocupado, cerré la puerta del carro y le dije a Lu que estuviera sentadita moviendo el timonel y con la ventana del piloto abierta. En busca de mejores ángulos fuimos al parque Orquídeas, en la estrella de cemento que hay al centro, para continuar con las fotos. Luciana no quería moverse del auto y tuve que hacerle una sacrificada y cariñosa extorsión que la animó: bajas y luego te prometo que te paseo en el carro, le dije. Caminamos rápido para perseguir a Da y a Ró.


Daniela se enteró de eso último y se apresuró a pedirme que la esperara para llevarla a su casa. Dana entró a la casa a descargar las fotos frescas del celular de Romina; Luciana y yo subimos al carro a esperarla. Mi llave sirve solo para abrir la puerta pero no para encenderlo, así que le pedí ––que es como exigir–– a Luciana que trajera la llave que estaba adentro, en la casa. Ella fue, porque todavía hace favores gratis, con alegría y mucho humor. Además, aprovechó para traer su pomo de agua, flaca saludable mi sister. Me dijo que Daniela había pedido un rato más, que no acababa. Quería irme pero esperé, esperamos a la guapa de Daniela.


Aprovechamos el acceso a la sencillera que tenía las monedas suficientes para engreírnos con un chocolate Triangulo y una galleta Morochas. Fuimos, dejé que Lulia pagara y recibiera los chocolates, que el vuelto me tocaba recibirlo a mí. Comimos dentro del auto, la radio alternaba entre Ozono, La Ñ y Radiomar hasta que llegó Danita. Era la primera chica que yo subía al carro después de Lu.


Contigo sí se puede hablar y no con Romina, confesaba Danita. Es que Romina está un poco ocupada, tú sabes, la defendía yo. Luciana estaba en el asiento trasero, así que yo manejaba mirando al frente, como es natural, y mirando atrás, no vaya ser que Luciana se esté parando en el carro, no le gusta usar la cinta de seguridad, flaca peligrosa. Mientras hacía las piruetas necesarias para que el auto no pasara por muchos baches, escuchaba las preguntas de Daniela para su crónica, y Luciana también, a veces me ayudaba a recordar algunas cosas de Ró: si eso pasara en estos meses de verano Ella seguro contaría que yo me baño en agua fría y Romina no, ella usa agua caliente en tanto calor, como le gusta contarme cuando la llamo por telófono o por videollamada.

Bajando por las calles, llegamos al Parque de la Cruz, que así no se llama: es costumbre en mí cambiarle el nombre a muchas cosas y le enseñó a Luciana un poco de eso que aprendí cuando mi viejo me sacaba a pasear. Dimos una vuelta, como para conocer bien las curvas de la plaza pequeña del medio; dimos otra vuelta y ya con más velocidad, confiado de conocer más donde estaba cada hueco y zanja de esa típica pista limeña. Manejas bien, decía Dana. Seguro Luciana la miró con ojos de qué cojudeces dices Dana, pero yo le agradecía en el acto sus ingenuas palabras.


El Parque de la Cruz era el límite, pues volvimos a subir, no quería alargar más el paseo. Esta vez nos desvíamos por la calle donde queda la iglesia del barrio: que lleva el nombre de un santo cool llamado Lucas. Siempre aprovecho para preguntarle a Luciana si quiere entrar un rato a ver cómo está la cosa pero ella responde, en un amargo tono que me gusta imitar: aburriiiido. Luego, no recuerdo qué le dijo Daniela pero la trató de convencer que no era aburriiiido.

Y así, tranquilos, sanos y salvos (no gracias a mi pericia automovilística, sino gracias a una ayuda superior, tal vez el santo Lucas), retornamos: aireados y relajados. Pasamos por la casa de Daniela y la dejamos con tiempo para que termine su crónica sobre la apasionante vida de mi hermana la mayor. Dimos vuelta a la manzana y ya estábamos en la puerta del hogar: salgo del carro y Luciana me sigue pisando los sillones del copiloto y del piloto para salir por mi puerta, con cuidado de no golpearse la cabeza y tocando la bocina accidentalmente cuando se apoyo en ella que, apenas sonó, me hizo pensar que esa noche suave y calmada, como siempre la pasamos, sin mucha parafernalia o cosméticas actividades, la tenía que escribir.


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[Novedades: Voy a abrir un nuevo bloJ: es que voy a tener un hermanito y el bloJ será sobre este nuevo integrante de la familia. Jajá. Mentira. Alentado por ese patilludo sueño de ser pintor (del que hablé un poco en el post) y habiendo adquirido una cámara que me acompañará de aca a un par de años, espero, me animo a abrir este otro bloJ para relajarme un poco y porque, a veces, estoy cansado de escribir.]


[Te enteras de más si sigues la ruta por Intentos de Captura.]


[Hubiera querido escribir un par de entradas más desde aquí, lejos, un problema con la computadora lo impidió. Ahora abandonaré Carolina del Sur, volveré a Nueva York sabiendo que no venceré a esa fría ciudad. Pero bueno. Luego de dos noches en Queens, que espero no me enfermen, porque están a 62 F, vuelvo a Lima el viernes, convencido de que mi casa nunca se moverá de ahí. Y para entregarle los regalos a Luciani.]

4 comentarios:

  1. Siempre me quedo admirada del amor incondicional que sentìs por Lu y las cosas hermosas que contàs sobre ella. Me encantò el relato, deseo ver tu nuevo blog.
    Besos amigo.

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  2. Ya vuelves? QUé cool!

    Cuéntalo todo y exagera.

    Un abrazo,

    Lu
    Mamá de DOS chancletas

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  3. mi estimado reinercillo. como siempre, disfruto tus post. y me hice fanatico de lu. sigue adelante gordo flaco.

    PD tienes un trabajo en mi blog. En el mio, pasa por el y siguelo. si no no te recojo del aereopuerto.
    largacarretera.blogspot.com

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  4. No es incondicional, algo de eso viene en el siguiente post. Gracias por las buenas vibras, Lasci. Hoy fue un día memorable, sentí los vientos de tu compatriota Calamaro.

    Ya volví, Lucerín. Ya se viene el cumple de Luciana y me he quedado sin plata. Acepto fondos para contratar los servicios de BabyBop otra vez.

    Rojitas, promo. Al final me recogiste, gracias gracias. Este bloJ no habla de mí (al menos, no directamente de mí) y no creo que a nadie le interesen mis cosas.

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"vete de aqui, vete de aqui" (Lu dixit)

 
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