lunes, octubre 06, 2008

Has lo que yo quiera porque tú quieres

"El que lo ve primero le dice al otro ¿ya?"
(La camarada Luciana, en su cuarta primavera)


Habíamos celebrado serenamente las fiestas del Perú, 28 de julio, lejos del bullicio de la Gran Parada Militar acostumbrada de cada año. Estuvimos, con mi familia, en la casa de mis hidropónicas primas intentando planear negocios, jugando al Wii, escribiendo los nombres de los narices-rojas en la pizarra (1), usando laptops cual Internet de la esquina de tu barrio, comiendo rico, yendo a comprar montado en el skate amarillo de tiburón, que esta vez dejé a Luciana conducir a su voluntad ––se tropezó dos veces, abismal diferencia de las quinientas caídas que marcaba cuando yo la empujaba con mi pie –– y arriando con un pie, su pie.

De vuelta a casa, mi padre le recriminó en el carro:

–Luciana, te voy a decir una cosa… escúchame pues… ¿Por qué no te quisiste despedir de tus tíos cuando nos fuimos? Eres muy malcriada.


El sustantivo “malacrianza” y sus derivados multiformes siempre me llaman la atención cuando son pronunciados, tanto a un niño como a un señor que mea en la calle (comparación hecha a partir de los años que desciende un señor que mea en la calle hasta llegar a equilibrarse a un infante de sucios pañales que micciona donde sea que le parezca). Esa noche, Lu no se despedía de mis tíos hasta que yo la cargué, con la excusa de irnos, pero le mentí y fui donde los tíos a despedirlos uno por uno junto a Ella.


Al día siguiente, estuve caminando por Miraflores para completar los papeles del viaje de verano a Florida por motivos laborales y, cuando el tiempo conceda, aventureros. Volví en la tarde a mi casa, miré el reloj, calculé rápido y supe que el tiempo me concedía unas horas para ir a vender mi libro del Británico en jirón Cuzco antes de que den las siete, hora en que debía partir a la FIL; que por esos días esperaba a todos los “amigos de la lectura”, entre los que no me incluyo porque no compré nada, en el Jockey Plaza.


Para los que no se han enterado y necesitan unos soles más para alguna tropelía juvenil, en tal mencionado jirón compran al regateo tus libros usados de cualquier centro de idiomas. Es como un premio por tragarte la flojera y pasar uno tras otro los seis niveles que soporta el libro. Si quieres ganar unos soles extra, haz como yo: forras el libro con Vinifan ––eso se lo debo a mi amiga Lucre Aquino –– y borras, con ese pedazo de borrador que encontraste en una cartuchera ––eso se lo agradezco a Lu ––, todas las marcas de carbón que tu lápiz haya dejado ––si usaste lapicero ya fuiste –– y se lo llevas al señor Eduardo en el stand 185, segundo piso, de la galería ubicada al costado del Icpna del re mencionado jirón.


Entonces, el pleito se originó por el borrador. Y aquí me pongo violento. Luciana no tiene paciencia con los demás. Pide las cosas en forma de mandato y pocas veces usa el “por favor” ––o los graciosos “porfis” o “porfavorcito”; el anglicano “plis” también me gusta oírlo ––. Si un deseo suyo no es cumplido, inmediatamente lo empieza a pedir con más insistencia y más, y más, y más. Luego llora. Tenía que borrar casi cien páginas ––porque en el Británico no usamos todo el libro, los profes son flojos y los alumnos más –– y no tenía mucho tiempo. Luciana se cerró con su borrador, me lo pedía como una loca y, cuando se lo di para pedírselo bien, ya no me lo quiso devolver. Primero porque no le gustaba que lo haya sacado de su cartuchera y segundo porque ¡no! ¡no! ¡no! ––que suele ser su más famosa explicación ––.


¡Luciana, eres una malcriada!, le dije. Otra vez esa palabra. Una punzada se filtró en mi cuello, al nivel de las cuerdas vocales; animales pegajosos me subían por las piernas de lo contrariado que me sentía al decirle eso.


Claro, si un niño es malcriado es porque fue “mal-criado”, no hay mayor brillantez en descubrir eso, solo hay que separar la palabra. Ha sido consentida desde la primera cosa que pidió, que yo supongo fue pedir teta. Ha sido maleducada desde la primera vez que alzó la voz para reclamar algún abuso contra Ella o sus pertenencias y fue obedecida raudamente por uno de los que vive en mi casa (tal vez fui yo). Se le ha dado mucho placer y siempre se le ha evitado el dolor.


No pido que las mamás les demoren la teta a sus hijos o que no le cumplan los pedidos porque eso es ser muy represivo, a veces cruel. Si desde un comienzo no se acostumbró al niño a saber esperar o a saber reclamar de un modo adecuado ––como generalmente pasa, pues los padres aprenden en la marcha, pero lo hecho sí se puede cambiar –– pues la cosa empieza fregada. Lo que no necesariamente avizora que la cosa vaya a terminar igual de fregada. Hay que saber reconocer el momento indicado para hacer coincidir las demandas de los dos bandos (padres e hijos) en la sola acción del nene. Que a veces será lo que le cause dolor y llanto incontenible; y otras veces, darle placer entero en lo que hace, o al revés.


Siempre me va parecer una peculiar contradicción este asunto, pero creo que también es reversible. Las personas podemos cambiar y los niños con mayor facilidad aun. Todavía más fácil cuando los padres cimientan bien sus enseñanzas. Es poco complicado reeducar a un niño, creo yo, pero cada quien debe encontrar su forma de hacerlo.


No creo que esté en condiciones para dar recetas, no las entendería nadie. No me gusta usar el tono mesiánico de los estadounidenses. Además, mi inseguridad no me permite hacerlo. Pero es sabido que con buenas dosis de humor cualquier niño del mundo te escuchará y, tal vez, respetará. Si yo viviera solo con Luciana, creo que Ella sería más obediente pero como vivimos varios más en casa y no todos la consentimos en el mismo modo, pues, Luciana termina aprendiendo una mezcla de todos.

Pude borrar las manchas de mi libro e ir a jirón Cuzco a luchar por un precio razonable que me dejó contento.

Por la noche, asistí a la FIL para la presentación del libro de un bloguer famoso del Perú. Estuvo repleto y solo colándome pude entrar al pequeño salón Arguedas. Maleducado soy, y no me compadezcas.


(1): Este video retrata brillantemente lo que pasa en mi casa cuando jugamos Lu y yo. Lo veo y no termino de reír. Ja ja Ja. A Luciana le gusta ver Pataclaún, pero nada más cuando está Monchi --y eso que ella no la conoció en su mejor etapa de "Vacunate ya!"--; cuando quedan en escena Wendy y Tony (min 5:28) ya no entiende nada.


4 comentarios:

  1. Esta entrada muestra más tu lado protector que el de cómplice hacia tu pequeña hermana.
    Y que bueno que haya personas como tú, que admitan ser mal-educad@s. Yo me uno al grupo.

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  2. La "postergación del placer", digo yo, dicen mis colegas, ensayas tú como psicólogo.

    Lu
    Mamá de DOS chancletas

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  3. en realidad tienes razon al deir que te ves reflejado en el video en verdad los personajes se asemejan mucho a la realidad jajaja

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  4. Hola Caty, no lo puedo ocultar no?

    Hola Lucero, no siempre hay que postergar el placer. Yo hablaba más del momento indicado, que es muy dificil saber cuando es. Gracias por pasar. Un abrazo a ti y a tus colegas.

    Hola christiansdb... Y tu como te llamas??????

    Abrazos a todos.

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"vete de aqui, vete de aqui" (Lu dixit)

 
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